La competencia emprendedora, un valor en alza


Por Margarita Núñez Canal

El desarrollo de la competencia emprendedora a lo largo de las distintas etapas educativas y como competencia transversal es uno de los aspectos más novedosos de la LOMCE que sin embargo no ha suscitado mucha atención. Esperemos que con los cambios políticos que se avecinan se mantenga este importante desarrollo que nos coloca a la cabeza de las estrategias europeas según el último informe de la UE Entrepreneurship in Europe Education at School, Eurodyce report (2016). Vivimos en una revolución educativa en favor de un nuevo modelo que promueve el espíritu emprendedor como uno de los fines del sistema educativo que se desarrolla desde la primera infancia.

¿Qué significa realmente “educación en el espíritu emprendedor”? La Unión Europea y la OCDE llevan años reclamado una formación que incentive a las futuras generaciones para que opten por crear nuevas empresas y desarrollen nuevos negocios que generen prosperidad, progreso y bienestar en la sociedad y la economía. Esta necesidad de una cultura más empresarial es unánime en todos los países del mundo, y en especial en Europa, donde existen unos alarmantes datos de paro juvenil. Liderar el cambio de paradigma económico en el mundo hacia una sociedad del conocimiento, de la innovación, de la tecnología, donde lo que urge es potenciar la capacidad creadora de los individuos como motor necesario para el crecimiento.

La educación puede contribuir a este cambio cultural, como instrumento decisivo en la construcción de una sociedad más dinámica. Para ello, necesitamos hacer algunos replanteamientos sobre ciertos prejuicios existentes en nuestra sociedad sobre la actividad empresarial. Especialmente en España, a diferencia de los países de su entorno, la imagen y percepción social de la función de los empresarios no ha sido siempre positiva, ni se le ha dado la importancia y consideración social que merecen por su contribución al progreso, al desarrollo y al bienestar de la sociedad.

Según el Eurobarómetro[1] sobre emprendimiento en España, la mayoría de la población afirma las ideas de que “los empresarios solo piensan en su bolsillo” (60%) o “se aprovechan del trabajo de otros” (59%). En contraste, en los países más desarrollados del mundo estos datos son mucho menores, al rededor del 30% en Noruega, Dinamarca, Reino Unido, Francia o Estados Unidos, y sin embargo superiores en talia, Grecia o Portugal. A pesar de estos datos las percepciones están cambiando en la actualidad, pero las raíces de estos pensamientos sobre la empresa son muy profundas en nuestra cultura. En nuestra sociedad el fracaso está mal visto y el éxito es sospechoso o genera cierta desconfianza. Esta visión dificulta el espíritu emprendedor, como han apuntado ya muchos informes sobre la materia (Fundación Principe de Girona, 2013). Desde el mundo educativo el papel de los empresarios ha sido un tema ambivalente, ignorado, o, incluso tratado desde cierto sesgo peyorativo.

Los nuevos marcos legales proponen que se explique adecuadamente desde la infancia la importante contribución de la función empresarial en el progreso y desarrollo social y económico, libre de prejuicios ideológicos y juicios negativos. Es unánime desde todas los planteamientos políticos la importancia de la creación de empresas, sobre todo de las pequeñas empresas, como fuente de innovación y de empleo.

Explicar desde la escuela lo que significa ser empresario o emprendedor (parte del cambio terminológico es diferenciarlo del antiguo concepto), desde una ética empresarial basada en la responsabilidad, el esfuerzo, la superación, la colaboración, el trabajo en equipo, el respeto a las normas, al medio ambiente etc. y alejada de la visión del empresario millonario, avaro, egoísta, tirano con sus empleados y destructor del medio ambiente. El modelo empresarial, es en la mayoría de los casos (excepciones aparte, que las hay y hacen mucho daño) un modelo positivo y educativo que merece un reconocimiento. El proyecto empresarial como herramienta pedagógica tiene muchas ventajas y se puede construir desde una perspectiva de valores humanos que promueva una actitud de iniciativa para la búsqueda de oportunidades, compatible con la legítima recompensa al esfuerzo y al riesgo. Desde todas las instancias mundiales que promueven el espíritu emprendedor se hace hincapié en este aspecto reivindicativo.

En las primeras etapas educativas se contempla como una competencia amplia y transversal unida a la creatividad, al trabajo en equipo, a la autonomía y la identidad personal, pero también, y he aquí la novedad, introduciendo en el currículo específico de las Ciencias Sociales la explicación sobre la función dinamizadora de la institución empresarial en la sociedad actual.

En la educación secundaria y en bachillerato, además de las asignaturas concretas sobre iniciativa emprendedora a las específicas en economía y administración, la legislación (RD 1105/2014) recoge específicamente el propósito de reivindicar la acción empresarial en todo el currículo buscando mejorar el “…respeto al emprendedor y al empresario, así como a la ética empresarial” y “valorar la función e importancia de las personas emprendedoras e innovadoras para la construcción y avance de una cultura y la transformación de la realidad”.

No se trata de fomentar la idea del éxito empresarial unido a la riqueza y el dinero como único fin, sin quitarle legitimidad al beneficio necesario para la supervivencia de la institución empresarial, sino de difundir el concepto de un emprendimiento sostenible basado en conceptos éticos universales. Es necesario explicar a nuestras generaciones futuras la infinidad de ejemplos de empresarios éticos, que compatibilizan el ánimo de lucro con la contribución a la sociedad y al bienestar, proporcionando trabajo, ofreciendo bienes y servicios necesarios o incluso participando con fundaciones a causas sociales.

Desde este punto de vista la educación emprendedora se entiende como una palanca para el aprendizaje de cómo crear valor en un mundo complejo y dinámico. Se trata de enseñar a pensar empresarialmente, siguiendo el modelo mental que utilizan los emprendedores, buscando oportunidades, aprendiendo de sus errores y sus éxitos, perseverando en su objetivo para alcanzar un resultado. Transmitir una idea de competencia sana cumpliendo las reglas del juego del mercado, que reconozca el esfuerzo, el riesgo moderado y el éxito, sin estigmatizar el fracaso.

Esta forma de pensar es compatible con diversas motivaciones, y no únicamente como se suele pensar con el individualismo ideológico, sino con una aspiración a la realización personal, o incluso alcanzar otros valores como la libertad, la colaboración, la mejora del medio ambiente o la sociedad. Según un estudio de los profesores de la Universidad de Sevilla (Jaén, Moriano y Liñán, 2013) determinados valores como la libertad o la novedad, la apertura al cambio están vinculados con la intención de emprender de los sujetos, así como los valores relacionados con el colectivismo y la trascendencia.

Esto podría querer decir que la intención emprendedora conlleva muchas funciones de la propensión humana a la acción. La relación entre los valores morales con la intención emprendedora es una relación más compleja y profunda. Personas con valores muy distintos, incluso aparentemente contrapuestos, pueden concebir la posibilidad de crear una empresa como una forma de cumplir esos valores. Unos pueden ver la libertad de actuar, otros la forma de ejercer su poder e influencia, y otros la forma de mantener las tradiciones, en el caso de una empresa familiar, otros la forma de mejorar el medio ambiente o contribuir a la ciencia.

Según los últimos informes de la UE (Comisión Europea, 2014 y 2015) el punto de mira de la puesta en práctica de una educación en el espíritu emprendedor se pone en los profesores. Estos deben cambiar su papel de profesor magistral a profesor facilitador. El desarrollo de proyectos que fomenten la creatividad, la curiosidad, la apertura mental, la búsqueda de soluciones innovadoras, la ejecución, la planificación, el llevar a cabo el proyecto, es decir competencias, propiamente empresariales o de gestión, es la clave para avanzar pedagógicamente en estos nuevos planteamientos educativos.

La visión que los profesores tengan de la actividad empresarial y la forma en la que transmitan la importancia del papel de los empresarios en una sociedad libre y democrática es decisiva para fomentar el espíritu emprendedor entre los jóvenes. Para ello se requiere una mejora en la formación del profesorado que desarrolle su capacidad de introducir temas relacionados con el emprendimiento, la búsqueda de referentes y de modelos emprendedores, la vinculación con un modelo humanista de la actividad empresarial, la capacidad de comprender y explicar una ética empresarial acorde con la búsqueda de beneficios o ligada a un emprendimiento social, dentro de un marco moral adecuado etc. En definitiva introducir instrumentos didácticos necesarios para implantar una educación que fomente el espíritu emprendedor, basado en una idea de emprender que aporte valor a la sociedad en la viven.

Es la comunidad educativa la que debe impulsar el cambio, exigiendo una preparación mejor en temas económicos y empresariales y promoviendo un acercamiento al mundo empresarial real. Desde este concepto de emprendimiento se explica y entiende la amplitud del fenómeno de emprender y la ética empresarial sin sesgos o prejuicios limitantes, sino desde una visión positiva de la capacidad de creación e innovación de la acción humana.

[1] Comisión Europea, (2012) Flash Eurobarometer 354 ENTREPRENEURSHIP IN THE EU AND BEYOND

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 Breakfast for learning La Salle IGS:  EMPRENDIMIENTO

Creando entornos educativos para el emprendimiento: de la creatividad a la iniciativa.

Miércoles, 25 de mayo de 2016.

Acerca de La Salle IGS

La Salle es una organización con más de trescientos años de dedicación a la formación que ha implantado más de mil centros educativos en ochenta y dos países de los cinco continentes. Setenta y tres de esas entidades son Universidades. Este hecho ha proporcionado a La Salle la capacidad para adaptar sus principios educativos a las diversas necesidades locales, que cubren un amplio espectro entre el Manhattan College de New York y el Institut Supérieur Agricole de Beauvais (Francia), o entre el Bishop Ndingi Mwangaza College de Nakuru (Kenia) y la De La Salle University de Manila (Filipinas), por citar algunos ejemplos. El Centro Superior de Estudios Universitarios de Madrid, con más de cincuenta años de compromiso con la educación, ha recogido y actualizado la larga tradición de La Salle, profundizando en las cuestiones esenciales que definen la formación de un profesional de nuestros tiempos. La implementación de programas activos de garantía de la calidad, la inversión en nuevas tecnologías aplicadas a la formación, la confianza en la creatividad y la innovación, y la creencia firme en que la colaboración con otras entidades nacionales y extranjeras es el secreto del éxito, definen de modo preciso sus fundamentos educativos. La oferta del Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle está ordenada en torno a tres ejes: * La Educación en su sentido más amplio, es decir, la Educación en todos los niveles y en su dimensión formal y no formal. * Las Ciencias de la Salud, orientadas tanto a la prevención como a la rehabilitación. * La Gestión y la Tecnología, fundamentalmente especializada en la creación de programas de formación que aúnan aplicabilidad empresarial con rigor universitario. El Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle pertenece a la AIUL (Asociación Internacional de Universidades La Salle).

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Esta entrada fue publicada el mayo 10, 2016 por en la salle international graduate school.
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