El autómata pasmado y la incógnita del libre albedrío


Por Jesús Alcoba, Director de La Salle International Graduate School of Business

Es ciertamente común que tendamos a hacer las cosas casi siempre de la misma manera. Por ejemplo, cuando cruzamos los brazos siempre es el mismo el que descansa sobre el otro. De la misma forma, la rutina que seguimos en nuestro aseo diario es prácticamente idéntica a lo largo de la semana, y es muy frecuente que en nuestro hogar tengamos un lugar favorito para sentarnos a leer o a ver la televisión.

Da la impresión de que cuando el cerebro se enfrenta a un nuevo problema lo resuelve de una determinada manera y a partir de ahí siempre repite la misma secuencia, si es que ha resultado exitosa. Esto se ve muy bien en la conducta de aparcar en nuestra plaza de garaje, puesto que los movimientos que hacemos para introducir nuestro vehículo se repiten de una forma milimétricamente exacta.

En un estudio se monitorizó la trayectoria de cien mil usuarios anónimos de teléfono móvil durante seis meses. Cada vez que uno de estos usuarios hacía una llamada o la recibía, o bien le llegaba un mensaje de texto, un sistema ubicaba su localización en una base de datos. La investigación mostró que los seres humanos reproducimos patrones ciertamente simples de movimiento. Para empezar, todas esas personas se movían en un círculo que en la mayoría de los casos no superaba unos pocos kilómetros de radio. Además, era posible predecir los movimientos futuros de los usuarios con apenas unas pocas semanas de muestreo.

Y es que las personas tendemos a ejecutar siempre los mismos patrones, como se demuestra en variadas esferas de nuestra vida: siempre frecuentamos las mismas amistades, escogemos el mismo lado de la cama, realizamos la compra siguiendo un circuito parecido en el hipermercado, y aunque es frecuente que tengamos muchas prendas de vestir al final acabamos poniéndonos casi siempre lo mismo.

Posiblemente sea una cuestión de ahorro de energía puesto que estos automatismos sin lugar a dudas economizan tiempo y esfuerzo, porque si tuviéramos que escoger cada vez una forma nueva de vestirnos, de entrar en el coche o de ir al trabajo, nuestra cabeza no haría prácticamente ninguna otra cosa. Sin embargo, la cuestión es que en cada ocasión que recurrimos a una tarea automatizada perdemos una oportunidad para cambiar, y desde luego para crear.

En un sugerente trabajo Anne Stiles propuso con brillantez que el miedo que produjeron en su día historias como la de Bram Stoker tiene que ver con el temor de vernos contagiados de un automatismo vampírico, obligados a un sonambulismo impertinente y a quedarnos reducidos a un manojo de impulsos instintivos en los que la obtención de alimento gobierne nuestra conducta. Porque lo que en el fondo nos aterra es no poder conducir nuestra vida, quedarnos inmóviles como un autómata pasmado ante un libre albedrío que huye transfigurado en mera fantasía. La gran incógnita es si realmente somos capaces de doblegar a ese pasmarote y salirnos con la nuestra. De momento la investigación revela que los propósitos de año nuevo nos duran más bien poco, y que un porcentaje significativo de la población se pasa la vida retomando las mismas resoluciones una y otra vez.

Y usted: ¿ha olvidado ya sus propósitos de año nuevo?

Acerca de La Salle IGS

La Salle es una organización con más de trescientos años de dedicación a la formación que ha implantado más de mil centros educativos en ochenta y dos países de los cinco continentes. Setenta y tres de esas entidades son Universidades. Este hecho ha proporcionado a La Salle la capacidad para adaptar sus principios educativos a las diversas necesidades locales, que cubren un amplio espectro entre el Manhattan College de New York y el Institut Supérieur Agricole de Beauvais (Francia), o entre el Bishop Ndingi Mwangaza College de Nakuru (Kenia) y la De La Salle University de Manila (Filipinas), por citar algunos ejemplos. El Centro Superior de Estudios Universitarios de Madrid, con más de cincuenta años de compromiso con la educación, ha recogido y actualizado la larga tradición de La Salle, profundizando en las cuestiones esenciales que definen la formación de un profesional de nuestros tiempos. La implementación de programas activos de garantía de la calidad, la inversión en nuevas tecnologías aplicadas a la formación, la confianza en la creatividad y la innovación, y la creencia firme en que la colaboración con otras entidades nacionales y extranjeras es el secreto del éxito, definen de modo preciso sus fundamentos educativos. La oferta del Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle está ordenada en torno a tres ejes: * La Educación en su sentido más amplio, es decir, la Educación en todos los niveles y en su dimensión formal y no formal. * Las Ciencias de la Salud, orientadas tanto a la prevención como a la rehabilitación. * La Gestión y la Tecnología, fundamentalmente especializada en la creación de programas de formación que aúnan aplicabilidad empresarial con rigor universitario. El Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle pertenece a la AIUL (Asociación Internacional de Universidades La Salle).

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Esta entrada fue publicada en enero 13, 2015 por en Reflexiones y etiquetada con , , , , , .
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